HISTORIAS DEL BRONX

Tras días, meses y años de diversos momentos bruscos que sus vidas le depararon por múltiples razones; he aquí 5 historias de diferentes personas que han tenido que sufrir el frió cortante de las calles.

Alsisar Sánchez

imagen 1.jpg.pngEl señor Sánchez tiene 43 años de los cuales lleva 37 años en la calle y todo por culpa de la guerrilla,  quienes lo desplazo de su pueblo desde que era un niño para cultivar coca en su finca y sus alrededores.imagen 2.png

 

Ya cansado de ver muertes y estar en una zozobra constante de si moriría decidió colarse en una flota en Florencia Caquetá y ver que le deparaba el destino.

Este es el instante en que él no sabe quién es su familia y a pesar de que solo tiene estudios hasta cuarto de primaria, él dice que la calle es la mejor escuela que ha podido tener, un poco dura y fría pero excelente profesora.

La Chilindrina

La chilindrina identificada con este apodo en esta calle del Bronx y sus alrededores y nadie conociendo su verdadero nombre.

imagen 3.jpg.png

Y aunque no se les permite contar con detalle lo que sucede dentro de ese callejón, si nos afirmó que no es nada fuera de lo conocido lo que sucede ahí dentro. Drogas, fiesta, muerte y sexo ese fue su definición del callejón del Bronx.

Luis Elvi
imagen 4.jpg.png

“La calle no es para muchos, sino para machos”, con esta frase comenzó a contarme su historia este muchacho que mientras inhalaba su tarro de Popper me narra su vida

Nos mostró una herida de puñal que le hicieron 2 años atrás, y nos decía que de momento en cualquier esquina y en cualquier locura de sus diferentes viajes, se podría joder nuevamente pues perro come perro y no hay que confiar en nadie.

Elvi termino su bachillerato y realizo cursos de arte, aunque un poco ido y mareado nos actuó un pequeño fragmento de una de las películas titulada “Piratas del caribe”, el interpretando al increíble Jack Sparrow y terminamos todos con una enorme sonrisa.

Carlos

Nacido y criado en la calle, tiene la edad de 42 años y no conoce otro lugar que no sea el centro de Bogotá. Su entorno más común está al lado de prostitutas, ladrones y drogadictos.

imagen 5.png

Nos cuenta que si las calles del centro hablaran, seria horrible pues después de las 7 de la noche no había persona que se salvara de ser ultrajada, robada y hasta violada si ellos lo deseaban.

Aconseja y pide a dios que nadie experimentara esta situación, pues aparte de dura y cruel, nunca tendrá una recompensa. Nos dice, en la calle hay dos opciones o volverte parte de ella o dejar que te destruya a su gusto.

Tras mucho hablar nos contó como los policías del sector los roban después de que ellos roban a alguien, como los lastiman y golpean; llevándolos al CAI y exigiéndoles estirar sus manos para golpearlas con bolillos y como no solo los policías sino las personas en general los discriminan solo por ser personas que por una u otra circunstancia terminaron en la calle.

Cuando se habló de si tenía algo bueno por rescatar de todas sus vivencias, no pudo responder nada, pues no cree ni ve nada rescatable de lo que ha sido si dolorosa vida.

Pero el anhela algún día salir de las calles y experimentar que se siente tener un hogar.

El universitario

imagen 6.png

Este hombre Biólogo de la Universidad nacional de Colombia, trabajo con Manuel Elkin Patarrollo desarrollando la vacuna contra la Malaria, pero lastimosamente nada en esta vida es seguro.

La vida le puede dar a cualquiera otro rumbo sea por el corazón o por el emocional ismo, pero a él lo que le gano fue la química del bazuco ya que esta droga intoxica la sangre y vuelve tu cuerpo dependiente a ella incitándote a que entre más consumas el cuerpo te exija mucho más.

Un ejemplo es este señor, que a pesar de que tiene estudios, a viajado por medio mundo, sabe 3 idiomas y ha tenido miles de oportunidades en la vida no pudo contra este veneno. Y quien nos dice “todo no es sabiduría, todo no es querer aparentar, sino es HUMILDAD”

Nos contaba que el día anterior a nuestra charla, lo visito su familia pero que estaba en un estado tan deplorable que no pudo darles cara.

“En el Bronx lo que he aprendido es familiaridad, ser calmado con la vida, querernos los unos a los otros, respetarnos y sobre todo valorar la vida de cada quien”

“El orgullo puede más, de pronto porque es un invento humano; pero la vida te enseña que lo que vale es la humildad”.

Afirma que lo más duro de la calle es la denigración por parte de todos, que estudiantes a los que él les dicto catedra en la Universidad de los Andes, lo ven en la calle y le dicen ¿Qué profe le quedo grande?

Y a pesar de todo lo vivido él le agradece a Dios por permitirle aprender de la mejor universidad en la que él ha podido estar LA CALLE, y tiene la ilusión de que en algún momento podrá salir de este sitio, recuperar su vida.

Pero asegura que lo más valioso en todo el mundo es aun poder Vivir.

 

Foto reportajes hechos por Luisa Ortega

 

APARENTEMENTE TIERRA DE NADIE, JAURÍA AL ASECHO

Antes de ir a la mítica calle del Bronx, pensaba que las entrevistas no iban a ser  muy complicadas, pues muchas veces había caminado por los alrededores y esto parecía ser tierra de nadie. No vi problema en acercarme a los habitantes de la calle que residen en el sector, sin embargo las cosas no fueron así.

Era las 09:00 horas del 14 de noviembre de 2015, una mañana fría con una tímida lluvia. Arribé al centro de la ciudad y como era de esperarse la corriente de personas de norte a sur, oriente a occidente que iban  en busca de mercancía a San Victorino dejaba ver claramente  que era  un punto de desarrollo socioeconómico muy importante del país.

Mi objetivo estaba ahí, a pocas cuadras de mi punto de llegada, veía algunos habitantes de calle quienes se rebuscaban el dinero, algunos cargaban bultos de mercancía otros en cambio conseguían taxis a los compradores del sector.

Siendo las 09:15 horas, crucé la Av. Caracas, no lo hice de manera correcta, pues me sumergí en medio de los vehículos y con mucha cautela llegué a la Plaza de los Mártires. El olor a excremento fue lo primero que percibí, hacía parte de mi labor, por ende debía seguir, lo triste fue ver como la plaza se había convertido en el baño de los habitantes de calle.

Caminé como un centinela que cuidaba  las calles, miraba a mí alrededor con algo de timidez y a la vez miedo, mi presencia ya alteraba a algunas personas. Dos jóvenes en bicicleta, con traje de vigilante me rodeaban, situación que me  inquietaba, pero no era motivo para irme. Pasaron algunos minutos, me acerqué  a un almacén, pregunté cuál era la  función de los vigilantes y con gran sorpresa me indicaban que su labor era la de  salvaguardar el patrimonio cultural de la ciudad, las ironías de la vida, la mayor parte de heces humanas estaban allí.

No pasaron muchos minutos cuando se acercó un tipo, gorra amarilla, con su cara delgada,  calavérica, pelo largo, con acento costeño. Antes de mediar un saludo me ofreció una selección  de drogas como: Marihuana, Cocaína, Perica, Bazuco, inclusive dijo que podía traerme un marrano en Black Hawk. “En el Bronx se consigue de todo”, fueron las primeras palabras con un habitante del sector.

Debía hacer un registro fotográfico con mi celular, hice unas tomas, el ambiente se alteraba poco a poco, los dueños de esta zona bogotana se acercaban con poco disimulo, me miraban con cara no muy amigable, pasaban una y otra vez por mi lado, en ese momento sentí, que yo era un gato en una casa de perros.

Nuevamente se me acercó el hombre delgado, con decencia me preguntó que qué  buscaba en este sector, yo aterrorizado pero con gran disimulo saqué mi carnet estudiantil, le indiqué que estaba iniciando un trabajo de periodismo ciudadano y había escogido este sector para realizarlo. Con más tranquilidad el hombre me comento que si me veía tomando fotos hacia el sector principal del Bronx me quitaba el celular, le pregunté el motivo y sin dar explicaciones volvió a insistir:   te quito el celular.

Quería establecer algún contacto con ellos, con los ciudadanos que perdieron el rumbo de sus vidas por culpa de las drogas, esas que no discriminan, no respetan, y a pesar de encontrarme en el seno de la indigencia, este no era el lugar más adecuado para hablar con ellos. En su mirada había miedo, pavor, querían hablar pero lejos de ahí, sin duda alguna estos seres que han perdido todo en su vida, hasta la dignidad se encuentran bajo el yugo de las mafias del sector, los manejan como marionetas, la esclavitud existe, nunca se extinguió, esta en el Bronx, una calle, un hueco, el mismo infierno, el traga personas.

Después de haber vivido esta gran experiencia y de pasar momentos de adrenalina por tomar una foto hacía la calle, esto generó un gran  revuelo entre los capos de la misma. Mi intención sin duda era mostrar el lado bueno y humano que tienen ellos, que no todos son ladrones, violadores, drogadictos, sin embargo  hay otros que buscan ganarse la vida apunta de trabajo para lograr comer cuando tienen ganas o en su defecto para ir a comprar drogas y otras cosas. Este es el Bronx, se descansa de día, se trabaja de noche.

Crónica hecha por Diego Armando Rodriguez Acosta

LA GUÍA ESPIRITUAL EN LA CALLE DE LA PERDICIÓN

laguia

Eran las 8:40 am de un día cualquiera de Noviembre, el tiempo no daba espera y parecía no detenerse,  hacía un frío aterrador en el centro de la capital colombiana, poco a poco empezó a brisar y las sombrillas empezaron  a abrirse como flores en verano.  El cielo se veía gris, el parque de la mariposa parecía un mercado polifacético lleno de diferentes personajes, unos andaban protestando en pocas prendas de vestir y repudiaban el silencio invitando a liberarse de las cargas, otros viajaban constantemente al famoso madrugón y por otro lado no se podía ocultar el ruido incesante de los pitos y el motor  de los carros que no daban marcha atrás, parecían estar en un afán constante y desmedido.

Luego caminé un poco más hacia la avenida Jiménez, buscando llegar  a la calle del Bronx, el frio se apoderó lentamente de mis huesos, una cámara una grabadora, un papel y un lápiz fueron los acompañantes permanentes para conseguir una nota, una historia de uno de los habitantes de calle, habitante que sufre, que lucha, que llora y siente dolor, que sólo busca que le den un  peso para ajustar  y conseguir  la llamada “trava” la que los aleja poco a poco de la realidad que duele, de la cruda  realidad a la que muchos temen o ignoran porque nos insensibilizamos y simplemente a la mayoría parece no importar lo que pase con cada uno de ellos.

Al encontrar el parque del Voto Nacional en el centro de la ciudad, un poco tenue, sombrío por cierto y desolador en su aspecto, adornado con infinidad de palomas que volaban plácidamente sobre aquel lugar abandonado, donde se podía  encontrar una variada combinación de olores fuertes, olores que advertían el consumo de marihuana, bazuco y también las deposiciones humanas que hacían entrever que allí permanecían aquellas personas que carecían de un hogar, y que su único sitio de estar era la calle.

De casualidad se acercó a mí una señora que vive en el Bronx, su rostro estaba abstraído y llena de curiosidad me preguntó  qué era lo que estaba buscando allí. Y sin dudarlo le dije qué quería saber acerca de la historia de su vida y del porqué estaba en ese lugar. Respondió al nombre de Viviana García, tenía  27 años. Por su aspecto físico devastado por el consumo de drogas reflejaba una edad más avanzada; aproximadamente 35 años, su sonrisa carecía de la mayoría de sus dientes y los que le quedaban aún tenían una apariencia negra, sonrió muy dulcemente, en su mirada no se veía que fuera un mal ser humano, su mirada triste era testigo del inmenso trajín que ha sobrellevado desde que era apenas una niña. Aparentemente, vi en Viviana, a una mujer  extrovertida, sociable y que le agradaba brindar información a los demás.

Nació en el Bronx, sus padres eran drogadictos y estaban al mando de una Olla de expendio en la zona centro. Relata que su madre siempre estuvo al tanto aun en medio del vicio y la perdición. Su padre en medio de una fuerte borrachera y por ende en una “trava” la violó cuando tenía tan sólo siete años. “Todavía me sigo preguntando porque me hizo esto” Viviana al decir estas palabras evadió su mirada con los ojos aguados, sintiendo como si hubiese sido ese el momento preciso en que su padre le causó aquel dolor.

Sin duda fue fuerte escuchar que un padre se aproveche de su pequeña niña, todo por estar sumergido en el mundo o infierno de las drogas, seres que aun respirando están muertos en vida, convertidos en piltrafas humanas que por alguna razón renunciaron a luchar y escogieron el camino fácil para alejarse de sí mismos  y del actuar responsable ante la sociedad y el mundo que los rodea.

Viviana a partir de ese momento empezó a perderse en el mundo de las drogas, jugaba con los demás niños que vivían en ese ambiente, no con muñecas ni carritos; sino con el porro, la  yerba o vareta, como llaman a la marihuana, la cual repartían a los clientes para no alertar a la policía o a la competencia.

Yo soy la guía espiritual del Bronx, mi misión a pesar de estar en este lugar es aconsejar a los demás a que sean buenos y se porten bien para que no violen, ni maten. También,  para que se alejen y tengan una segunda oportunidad en sus vidas. Ya he logrado que tres de los que viven en la calle regresen a sus casas y elijan otro camino, uno de ellos se convirtió y ahora es Pastor. No niego que varios en medio de sus travas me han cascado y muy duro, una vez casi me matan, quedé como tres días sin poder moverme. Soy algo así como la gota a gota, como cuando se riegan los árboles para que no se pierdan y no se mueran”

Le manifesté mi deseo de saber por qué ella no tomaba también la decisión de abandonar ese mundo y empezar de nuevo puesto que le decía a los demás habitantes que se fueran, que cambiaran y me dijo:  “yo, ya no puedo salir de aquí, mi hija también ha dicho que lo haga por ella. Pero este es el infierno en el que he decidido y quiero vivir aunque cuento con ayuda de algunas fundaciones y por parte del estado, pero es muy  jodido salirse de aquí”.

Y su hija… ¿no es suficiente motivación para salir de este caos?, “es que es difícil si pilla, yo nací, crecí, y vivo aquí. Que yo salga de aquí es imposible yo no soy mala, no le hago daño a nadie, pero no puedo coger un día de estos y decir me voy, es complicado el visaje.

La gente que pasaba se quedaba mirando extrañada al vernos en tal situación, como si los habitantes de calle fueran quien sabe que, solo era necesario ver sus caras para sentir el repudio y miedo que ellos les generaban. No son cosas, son seres humanos que no tuvieron otra opción más que permanecer allí porque nadie les ha brindado una verdadera oportunidad para cambiar o simplemente nunca supieron en dónde buscar a la demás familia. Me sentí en ese momento impotente, triste, desilusionada al pertenecer a una sociedad individualista que ha perdido la sensibilidad.

La policía, irrumpió justo en el momento en el que estábamos hablando, subieron su moto al andén y tocaban su arma de dotación amenazantes, nos miraron, al bajarse le pidieron a Viviana que dejara revisar su bolso, ella escuetamente dejó ver sus cosas personales sin ningún inconveniente y me siguió contando que su hija  vivía en Suba, que hacía tres años que no sabía nada de ella, le pregunté quién era el papá y me dijo que él había logrado salir de allí y que tomó la decisión de convertirse en pastor. Su amor por él era grande, lo amaba me dijo. Pero esta tampoco fue una suficiente  razón  para salir del infierno.

Cuando hablaba se sentía  un poco cansada, apagada, su mirada hacia el cielo reflejaba el inconformismo con la situación en la que vive, me enseñó dos tumores que tenía, uno en el estómago y el otro al lado de la vagina. Se quejaba de cólicos constantemente mientras dialogábamos. Su último consejo que envió a los jóvenes: “nunca busquen caminos de drogas para solucionar los problemas, caer a este abismo ya es otro problema sólo que más grande, del cual no se puede salir sino hay fuerza de voluntad y razón de vivir”.

Aquí llegaba a su fin una gran historia, una hazaña contada por su propia autora, la cual dejó muchas enseñanzas. Debía seguir su camino en busca de las entidades donde recibía apoyo para ir a pedir medicinas y así calmar un poco el dolor que la aquejaba. Antes de eso, compartí un refrigerio con ella al percibir que tenía mucha hambre, logré compartir con ella un poco de lo que llevaba, me sentía angustiada, muchas veces nos quejamos de lo mucho que hay en casa y no miramos más allá donde hay personas que anhelarían un poco de ese tanto que no nos apetece.

Sin dar marcha atrás, siguió su camino tranquilamente, chocó nuestras manos como si fuéramos parceras. Un Dios te guie fue la última conexión que tuvimos, no volví a ver a la niña presa en su cuerpo ya hecha toda una mujer. Fémina que va por las calles brindando un mensaje de esperanza y cambio para todos los que la rodean principalmente en la calle del terror, del consumo, de la muerte y de la perdición.

 

Crónica realizada por Yenevid Maayanne

CIUDAD TÓXICA

¡La vida está llena de oportunidades, pero hay decisiones que nos pueden llevar al fondo de un laberinto sin salida!

DSC_0009

En la mañana de un sábado caminando por las frías, sucias y muy transitadas calles del Voto Nacional, uno de los lugares más frecuentados de la Ciudad entre la calle 13 y calle 6, recordado por la gente por su mala reputación, se encuentra “la Calle del Bronx”   llamada así por su par en la ciudad de Nueva York, en esta calle se han venido presentando en repetitivas ocasiones, hechos delictivos de alto impacto como lo son:  el narcotráfico y narcomenudeo por parte de grupos criminales, quienes mediante la intimidación y manipulación, han logrado imponerse en este lugar. Al transitar por este lugar entre personas que por su apariencia se tornan peligrosas, unas se ven desorientadas, otras por su aspecto y por su mirada se ve que están bajo efectos de sustancias alucinógenas.

Una de estas personas la cual se encontraba sentada en un andén armando una pipa de bazuco, al observarme me ofreció los productos que venden en este lugar, los cuales son: la marihuana, cocaína, bazuco, pastillas y lcd, entre otras cosas.  Al ver que esta persona me ofrecía este cóctel de drogas, lo llamé hacia  mí y le dije que mi interés no era adquirir nunguno de estos narcóticos, que necesitaba hacerle unas preguntas de carácter pedagógico, este hombre se quedó perdido por un momento y al cabo de  unos cortos segundos me respondió  que nos moviéramos de ese lugar, que él me colaboraría pero era peligroso que me vieran allí  hablando con él.

Al dirigirnos una cuadra más al Norte, me explica, que es peligroso que nos vean hablando cerca a la cuadrada del Bronx, porque pueden pensar que él está suministrando información acerca de los negocios que se llevan en este lugar, también que si me veían sacar el celular para tomar fotos o grabar, había luz verde para que la seguridad de la cuadra quitara los celulares, es decir que se robaban el celular al que cogieran  tomando fotos.

Este sujeto se presentó como “Carlos Sanabria”, de treinta y ocho años de edad oriundo de Barranquilla, y residente en Bogotá desde hace catorce años, la familia natal vive en el exterior y solamente una hermana que es Médico, vive en Cartagena. Indica que él llegó a las calles, por problemas desde la infancia,  debido a la separación de sus padres cuando él tenía cinco años.  Creció sin un padre que le enseñara las conductas que un hombre debe tener como por ejemplo: la responsabilidad.

Narraba que tuvo una relación por más de 6 años, de la cual, resultó una hija y actualmente  tiene 16 años. La mamá en el tiempo que estuvo con ella, tenía muchos conflictos con Carlos y los padres de ella se metían en la relación, motivo por el cual los problemas sentimentales se fueron agrandando. Él trabajaba en Comcel, como asesor de ventas y tenía varias personas a cargo, al nacer la hija la esposa empezó a idolatrarla y cualquier cosa mala que le dijeran a la niña era sólo dilemas y cada vez más estos iban creciendo, hasta llegar al punto de pensar en  quitarle a la niña ya que  la familia tenía como mantenerla, pero dice que ese no es el hecho, las cosas no son así y este fue otro de los motivos que más lo han enterrado en este mundo del Bronx.

Al seguirle indagando por los motivos que lo llevaron a este estado, él dice que un amigo le informó acerca de  un centro de rehabilitación “vía Libre”, por los lados de San Andresito, donde había un programa para trabajar, éste se inscribió y  salió como operador de pedagogía peatonal con la secretaría de movilidad, allí  se ganaba $350.000 pesos.  Un día al terminar de trabajar  se puso a tomar, indicó que no le gustaba hacerlo porque se “pica” y es justo donde empiezan las ganas de fumar bazuco. Dice que  empezó a fumar marihuana desde los 13 años, a partir de entonces dejó el trabajo y se empezó a hundirse  en las calles del centro de la ciudad recibiendo cualquier moneda para cambiarla por bazuco y perderse en sus humos tóxicos.

Carlos dice: “la vida en el Bronx es dura, no se sabe en qué momento se cree una balacera o empiece una pelea de cuchillo y cualquiera que se encuentre cerca puede salir herido o muerto”  los días para él son normales porque no se mete con nadie, él sale hacer las “vueltas”, hacer las “transas”, él es como un domiciliario; tiene clientes que lo llaman porque les da miedo ir al Bronx, porque temen a que la policía los coja.

Una de las preguntas que se le hizo a Carlos, fué ¿Qué le diría a los jóvenes?, él respondió: “los jóvenes no deben creer en las apariencias de la gente, porque tras de esas personas hay muchos vicios y son estos amigos quienes  son los que inducen a la drogadicción. Las malas decisiones y son las que llevan a escoger caminos que nos pueden llevar recorrer lugares que no quisiéramos saber que existen”.

Al terminar de hablar con Carlos siguió su camino y se dirigió a la esquina en donde me abordó, siguió con su vida en su ir y venir de domicilios y de favores, en la ciudad que pasa junto a esta calle indiferente a todo lo que ocurre en sus entrañas.

Crónica hecha por César Parra